miércoles, 15 de enero de 2014

Una gran persona

Cuando te apuntas a algún deporte, en mi caso, el baloncesto, siempre tienes la oportunidad de conocer gente nueva cuando empieza la liga, ya que juegas contra los equipos de otros pueblos de la comarca. El hecho de conocer nuevas personas e incluso, de entablar amistad, es uno de los aspectos de practicar un deporte que también te puede hacer vivir bonitas experiencias y así, fue en mi caso. La verdad, he conocido a bastantes personas durante los años que he jugado a baloncesto pero hay una en especial, que me ha llegado muchísimo. Esa persona se llama Ana (le gusta que la llamen Guigui) y es de Écija, una ciudad de Sevilla. Su equipo jugaba en la misma liga que el mío y coincidíamos en los partidos. Al principio, era una niña como otra cualquiera para mí y no teníamos relación, pero fue en 2010, al decirme mi entrenador que algunas jugadoras de mi equipo irían convocadas a la Selección Sevillana de baloncesto junto con otras de los demás equipos, cuando todo comenzó.

Los entrenamientos eran en el pabellón de Estepa, por lo que las niñas de los otros pueblos tenían que venir aquí para entrenar y entre ellas estaba Ana. Los entrenamientos empezaron, pero no todas las que estábamos al principio podíamos ir convocadas a jugar a Sevilla, es decir, las que más se esforzaran y mejor entrenaran, serían las convocadas. Faltaba poco para el día de los partidos y yo fui una de las afortunadas que pudo viajar a Sevilla, al Palacio de Deportes San Pablo, para jugar contra otros equipos de chicas que, sinceramente, tenían un increíble nivel. Lo recuerdo como si fuera ayer, un magnífico día lleno de risas y momentos divertidos con todas mis compañeras de la Selección.

Esta niña de la que hablo, llamó mi atención. Era muy risueña y simpática con todas las chicas y no quise perder el contacto con ella. Nunca pensé que, a partir de ese día, empezaría entre nosotras una gran amistad. Contáctabamos por messenger y hablábamos a menudo. Teníamos muchas ganas de que llegara el próximo partido para vernos hasta que, un día, vino a Estepa a visitarme. Pues bien, desde ese momento, me resultaría difícil contar cuántas veces ella ha venido a Estepa o cuántas he ido yo a Écija. Ya son muchísimos momentos los que hemos vivido: nos hemos quedado a dormir en la casa de cada una, hemos ido juntas a las ferias de nuestros pueblos, alguna que otra visita por sorpresa... Bien, quizás pensarás, ¿cómo se puede mantener una amistad viviendo en diferentes pueblos y no viéndose todos los días? No lo entiendes hasta que te ocurre a ti, cuando una persona te demuestra que le importas de verdad, creeme que lo demás pasa a un segundo plano. También quiero destacar, su calidad como jugadora. Desde pequeñita dedicándose a este deporte y superando muchísimos obstáculos, pero aún así, esforzándose como pocas personas lo han hecho para lograr su sueño, a la vez que da todo lo mejor de ella.
 
La verdad, puedo decir que, gracias al baloncesto, he conocido a maravillosas personas como esta, de la que me siento realmente orgullosa y a la que admiro, tanto como jugadora como persona, y aprecio con todo mi corazón.
Aquí te dejo el enlace de su blog de baloncesto en el que cuenta sus sensaciones y sus inquitudes hacia este magnífico deporte.

Blog de Guigui

martes, 14 de enero de 2014

Parece ayer...

Parece ayer cuando decidí apuntarme a este deporte, cuando manejé por primera vez una pelota de baloncesto. Tenía 11 años y, la verdad, no me llamaba mucho la atención ni me sentía motivada. Supongo que es lo normal cuando aún no has probado alguna experiencia, no sabes si te va a gustar o no, si se te va a dar bien o si seguirás practicándola en un futuro. Estaba en el colegio y pensé que podía ser una actividad con la que entretenerme y pasar mi tiempo libre. Me apunté con varias amigas mías y entrenábamos dos veces a la semana. La verdad, no se me daba nada mal, y cada día me iba gustando más y más.

Al principio, entrenábamos en las pistas de mi colegio pero después, lo hacíamos en el pabellón de mi pueblo, Estepa. No me quería perder ningún entrenamiento y, con la práctica, cada día iba mejorando como jugadora. Durante los años que he practicado este deporte, mi entrenador ha sido el mismo, Miguel, un hombre bastante severo pero sin el que el equipo no habría llegado a ser lo que fue. La liga empezaba y con ella los nervios que esto supone. ¿Jugaré bien? ¿Daré la talla? Las típicas preguntas que supongo que cada jugador se hace antes de debutar en su primer partido. Decidir jugar a baloncesto implica una serie de sacrificios como, por ejemplo, si tienes un partido el sábado por la mañana, no debes salir de fiesta el viernes por la noche, si al otro día quieres estar descansada y rendir al máximo.



Elegí el 14 como número de mi dorsal y, en todos y cada uno de los partidos, jugaba con ese número, se convirtió en mi amuleto. Respecto a los partidos, unos los ganábamos y otros no, como es normal, pero cuando juegas a baloncesto, te das cuenta de que el resultado a veces es lo de menos, que lo importante es la sensación al acabar cada partido, pensar si has dado lo máximo de ti, si has jugado en equipo, si estás satisfecha con tu trabajo, independientemente del resultado. Imposible olvidar esas charlas del entrenador en el vestuario tras acabar cada partido, en las que, ganáramos o perdiéramos, nos animaba, nos corregía nuestros fallos y nos motivaba para el siguiente partido, ese "1,2,3 Estepa" antes de comenzar y al acabar cada partido como grito del equipo. Hemos ganado muchos trofeos y siempre me he sentido muy orgullosa de mi equipo. En total, han sido prácticamente 5 años los que he estado practicando este deporte, llenos de momentos inolvidables e increíbles, también amargos, duros entrenamientos pero, sobre todo, viviendo experiencias que quedan grabadas para siempre.

Para mí, es una pena no haber seguido jugando, pero al llegar a Bachiller, todo se complica porque quieres dedicar tu tiempo a los estudios y es muy difícil conciliarlos con el deporte. Aunque no juegue de forma oficial en un equipo, estoy segura de que no se me quitarán las ganas de echar un buen partido de baloncesto sea donde sea y de sentir de nuevo esa sensación que produce practicar este impresionante deporte, el sonido de la red tras encestar o, simplemente, el hecho de ponerte las zapatillas de baloncesto para demostrar en la cancha lo que vales y todo lo que puedes dar.