Parece ayer cuando
decidí apuntarme a este deporte, cuando manejé por primera vez una
pelota de baloncesto. Tenía 11 años y, la verdad, no me llamaba mucho la
atención ni me sentía motivada. Supongo que es lo normal cuando aún no
has probado alguna experiencia, no sabes si te va a gustar o no, si se
te va a dar bien o si seguirás practicándola en un futuro. Estaba en el
colegio y pensé que podía ser una actividad con la que entretenerme y
pasar mi tiempo libre. Me apunté con varias amigas mías y entrenábamos
dos veces a la semana. La verdad, no se me daba nada mal, y cada día me
iba gustando más y más.
Al principio, entrenábamos en las pistas de mi
colegio pero después, lo hacíamos en el pabellón de mi pueblo, Estepa.
No me quería perder ningún entrenamiento y, con la práctica, cada día
iba mejorando como jugadora. Durante los años que he practicado este
deporte, mi entrenador ha sido el mismo, Miguel, un hombre bastante
severo pero sin el que el equipo no habría llegado a ser lo que fue. La
liga empezaba y con ella los nervios que esto supone. ¿Jugaré bien?
¿Daré la talla? Las típicas preguntas que supongo que cada jugador se
hace antes de debutar en su primer partido. Decidir jugar a baloncesto
implica una serie de sacrificios como, por ejemplo, si tienes un partido
el sábado por la mañana, no debes salir de fiesta el viernes por la
noche, si al otro día quieres estar descansada y rendir al máximo.
Para mí, es una pena no haber seguido jugando, pero al llegar a Bachiller, todo se complica porque quieres dedicar tu tiempo a los estudios y es muy difícil conciliarlos con el deporte. Aunque no juegue de forma oficial en un equipo, estoy segura de que no se me quitarán las ganas de echar un buen partido de baloncesto sea donde sea y de sentir de nuevo esa sensación que produce practicar este impresionante deporte, el sonido de la red tras encestar o, simplemente, el hecho de ponerte las zapatillas de baloncesto para demostrar en la cancha lo que vales y todo lo que puedes dar.
1 comentario:
Esta jugadora tiene unas condiciones envidiables para jugar al basket. No necesita saltar mucho porque, como persona, ya es bastante grande.
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