martes, 14 de enero de 2014

Parece ayer...

Parece ayer cuando decidí apuntarme a este deporte, cuando manejé por primera vez una pelota de baloncesto. Tenía 11 años y, la verdad, no me llamaba mucho la atención ni me sentía motivada. Supongo que es lo normal cuando aún no has probado alguna experiencia, no sabes si te va a gustar o no, si se te va a dar bien o si seguirás practicándola en un futuro. Estaba en el colegio y pensé que podía ser una actividad con la que entretenerme y pasar mi tiempo libre. Me apunté con varias amigas mías y entrenábamos dos veces a la semana. La verdad, no se me daba nada mal, y cada día me iba gustando más y más.

Al principio, entrenábamos en las pistas de mi colegio pero después, lo hacíamos en el pabellón de mi pueblo, Estepa. No me quería perder ningún entrenamiento y, con la práctica, cada día iba mejorando como jugadora. Durante los años que he practicado este deporte, mi entrenador ha sido el mismo, Miguel, un hombre bastante severo pero sin el que el equipo no habría llegado a ser lo que fue. La liga empezaba y con ella los nervios que esto supone. ¿Jugaré bien? ¿Daré la talla? Las típicas preguntas que supongo que cada jugador se hace antes de debutar en su primer partido. Decidir jugar a baloncesto implica una serie de sacrificios como, por ejemplo, si tienes un partido el sábado por la mañana, no debes salir de fiesta el viernes por la noche, si al otro día quieres estar descansada y rendir al máximo.



Elegí el 14 como número de mi dorsal y, en todos y cada uno de los partidos, jugaba con ese número, se convirtió en mi amuleto. Respecto a los partidos, unos los ganábamos y otros no, como es normal, pero cuando juegas a baloncesto, te das cuenta de que el resultado a veces es lo de menos, que lo importante es la sensación al acabar cada partido, pensar si has dado lo máximo de ti, si has jugado en equipo, si estás satisfecha con tu trabajo, independientemente del resultado. Imposible olvidar esas charlas del entrenador en el vestuario tras acabar cada partido, en las que, ganáramos o perdiéramos, nos animaba, nos corregía nuestros fallos y nos motivaba para el siguiente partido, ese "1,2,3 Estepa" antes de comenzar y al acabar cada partido como grito del equipo. Hemos ganado muchos trofeos y siempre me he sentido muy orgullosa de mi equipo. En total, han sido prácticamente 5 años los que he estado practicando este deporte, llenos de momentos inolvidables e increíbles, también amargos, duros entrenamientos pero, sobre todo, viviendo experiencias que quedan grabadas para siempre.

Para mí, es una pena no haber seguido jugando, pero al llegar a Bachiller, todo se complica porque quieres dedicar tu tiempo a los estudios y es muy difícil conciliarlos con el deporte. Aunque no juegue de forma oficial en un equipo, estoy segura de que no se me quitarán las ganas de echar un buen partido de baloncesto sea donde sea y de sentir de nuevo esa sensación que produce practicar este impresionante deporte, el sonido de la red tras encestar o, simplemente, el hecho de ponerte las zapatillas de baloncesto para demostrar en la cancha lo que vales y todo lo que puedes dar.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Esta jugadora tiene unas condiciones envidiables para jugar al basket. No necesita saltar mucho porque, como persona, ya es bastante grande.